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La accesibilidad y la movilidad definen el bienestar de las sociedades rurales, pues son las vías para reequilibrar sus disparidades respecto a las áreas urbanas y equipararse con sus oportunidades, servicios y calidad de vida. Esta brecha rural condiciona la propia noción de ciudadanía, ya que el tamaño y dispersión poblacional de estos entornos, así como la distancia, han llevado a su integración desigual en la sociedad moderna. Un problema que ha pasado de ser visto como una cuestión de crecimiento económico a considerarse un asunto mucho más complejo de cohesión socio-territorial.
La accesibilidad y la movilidad definen el bienestar de las sociedades rurales, pues son las vías para reequilibrar sus disparidades respecto a las áreas urbanas y equipararse con sus oportunidades, servicios y calidad de vida. Esta brecha rural condiciona la propia noción de ciudadanía, ya que el tamaño y dispersión poblacional de estos entornos, así como la distancia, han llevado a su integración desigual en la sociedad moderna. Un problema que ha pasado de ser visto como una cuestión de crecimiento económico a considerarse un asunto mucho más complejo de cohesión socio-territorial.
La proyecto del Programa Estatal de I+D+i Orientada a los Retos de la Sociedad “Poniendo el foco en la brecha rural: accesibilidad, movilidades y desigualdades sociales (Rural Access)” (PID2019-111201RBI00/AEI/10.13039/50110 0011033) analiza las demandas, déficits y estrategias rurales de movilidad y accesibilidad. Sus objetivos son contribuir con sus resultados al diseño de políticas que refuercen ambas como recursos esenciales para afrontar los desafíos planteados por las transiciones demográfica y de la accesibilidad (envejecimiento, despoblación, brecha digital, …).
Junto con el reto demográfico y la digitalización, los nuevos paradigmas de la movilidad (compartida, autónoma, como servicio, bajo demanda, …) plantean oportunidades y riesgos decisivos para el futuro rural. Consolidar el capital social en el territorio, arraigar a los grupos estratégicos como los jóvenes y las mujeres, y reforzar su capacidad de resiliencia dependerá en gran medida de cómo sean reguladas todas estas transiciones. Como apuntaba la Declaración de Cork 2.0, la descapitalización social de muchas regiones impide que se beneficien de los programas dispuestos por la Unión Europea. Además, la racionalización de los servicios públicos y privados rurales desde finales del siglo pasado y las políticas de austeridad tras la crisis de 2008 han profundizado en la erosión de su atractivo como espacios para desarrollar los proyectos vitales.
Los desplazamientos cotidianos y cíclicos constituyen para muchos grupos rurales una forma de acceder a los mercados de trabajo exteriores, la formación, el consumo de bienes y servicios centralizados, así como otros aspectos sustanciales de la vida actual. Por un lado, debido a la aportación esencial de la movilidad para la organización de la vida rural y al predominio que juega en ella el automóvil personal, supone también una fuente principal de la desigualdad social. Por otro lado, la movilidad física y la movilidad social se hallan fuertemente interconectadas, y las opciones de mejorar el empleo y una mayor cualificación permiten incrementar el capital económico, social y cultural.
La desatención de estos fenómenos y la ausencia de una gobernanza de la accesibilidad y las movilidades se enfrentan con la despoblación de amplias regiones de Europa y su monitorización a distancia. La evolución demográfica de las áreas rurales durante las últimas décadas difiere significativamente entre aquellas con una mejor accesibilidad a los centros urbanos y que experimentan un evidente crecimiento frente a las zonas más desconectadas que acumulan los procesos circulares de declive económico y social.
THE RURAL GAP: ACCESSIBILITY, MOBILITIES AND SOCIAL INEQUALITY
Accessibility and mobility define the wellbeing of rural societies as they are the ways to redress imbalances with respect to urban areas and enable to level up with their opportunities, services, and quality of life. This rural gap conditions the very notion of citizenship since the size and dispersion of the population in these settings, as well as the distance, have led to their unequal integration into modern society. This issue has gone from being seen as a question of economic growth to be considered as a more complex matter of socio-territorial cohesion.
The project of the Spanish R&D Programme Oriented to the Challenges of Society “Putting the focus on the rural gap: accessibility, mobilities and social inequalities (Rural Access)” (PID2019-111201RBI00/AEI/10.13039/501100011033) analyses the rural demands, deficits, and strategies of mobility and accessibility. Its aims are to contribute through its results to the design of policies that reinforce them both as essential resources to face up to the challenges posed by the demographic and accessibility transitions (aging, depopulation, digital gap,…).
Together with the demographic challenge and digitalisation, the new paradigms of mobility (shared, autonomous, as a service, on demand,…) present decisive opportunities and risks for the rural future. Consolidating the social capital in the territory, fixing the roots of the strategic groups such as the youngsters and women, and reinforcing their capacity for resilience will depend to a major degree on how all these transitions are regulated. As the Cork 2.0 Declaration points out, the social decapitalisation of many regions impedes them from benefitting from the programmes arranged by the European Union. Moreover, the rationalisation of rural public and private services since the end of the last century and the austerity policies introduced following the 2008 crisis have deepened the erosion of their attractiveness as spaces for the development of vital projects.
Daily and cyclic movements constitute a way for many rural groups to access exterior labour markets, training, centralised consumer goods and services, as well as other substantial aspects of life today. On the one hand, due to the essential contribution of mobility for the organisation of rural life and the predominant role the private car has also supposes one of the main sources of social inequality. On the other hand, physical and social mobility are found to be strongly interconnected, and the options of improving employment and being more skilled enable the economic, social, and cultural capital to be increased.
Neglecting these phenomena and the absence of governance on the accessibility and mobilities are clashing with the depopulation of broad regions of Europe and monitoring them remotely. The demographic evolution of rural areas in recent decades has differed significantly among those with better accessibility to urban centres and that show clear growth, as opposed to the most disconnected zones which accumulate the circular processes of economic and social decline.
Despite the generalisation of these displacements, numerous socio-territorial policies continue to be inspired by statism budgets, which assume equivalence of places of residence and work, study, or sociability. This perspective impedes not only the study of rural mobility as basic element of its sustainability but also the consideration of rurality as a reality constituted through the flows and hybridisations with urban and global processes.